martes, 30 de noviembre de 2010

La naturaleza de los resultados: Dra. Laura Frade Rubio©

Exigir resultados está de moda, todos quieren que en la educación se produzcan logros educativos, puesto que son señal de que estamos haciendo bien, de que lo que llevamos a cabo ha obtenido frutos. No obstante, la pregunta es sí todos estamos hablando de lo mismo, sí lo que cada docente frente a grupo conceptualiza sobre esto, es lo mismo que lo que un padre o madre de familia o lo que el propio Gobierno o la OCDE definen como meta a lograr. La verdad no creo que todos estemos dándole el mismo significado a la palabra resultado. Más bien creo que estamos partiendo de imaginarios distintos.

Para los padres y madres lo más importante es que sus hijos e hijas estén bien preparados para la vida, que, literalmente, "sepan mucho". Por lo que están al pendiente de esto. Ejemplo de esto es cuando un papá le pregunta a su hijo: ¿cuánto es 3 X 8? Ante lo cual el hijo que ya se encuentra en 4o año responde pensando en voz alta: "déjame ver..." y comienza con sus dedos: 8, 16, 24, y finalmente responde: 24. A lo que rápidamente el padre dice: ¡"No te sabes las tablas, qué mala escuela!. Acto seguido el padre va con el maestro y le reclama, le dice que es verdaderamente el colmo que su hijo no se las sepa, que cuando él era pequeño se sabía las tablas desde 2o de primaria, rápido y ágilmente. El maestro le trata de explicar que ahora no se usa que se las sepan de memoria, sino que ellos comprendan la construcción de las tablas, que su hijo sí se las sabe, pero que las construye, las razona por sí mismo. El padre se pone furioso y le dice que eso y no saber nada es lo mismo. Acto seguido, el maestro decide que todos sus estudiantes se aprendan de memoria las tablas "a la antigüita": dos por una dos, dos por dos cuatro, y así de manera continua al ritmo de la regla.

Frente a esta situación, el supervisor llega y observa esta clase, y se rasga las vestiduras, dice que esto es una práctica inaceptable y que no se puede pensar que la siga practicando, el maestro trata de explicar lo sucedido, y terminan acordando que realizarán procesos más constructivos, porque esto que está haciendo es antipedagógico.

Al término del año llega ENLACE, en la escuela todos se han preparado para que los estudiantes salgan bien y la escuela no quede tan mal en la zona. Los estudiantes responden su examen y los docentes tratan de ver qué les preguntan, se quedan con una copia del mismo. ¡Cual no será la sorpresa que cuando lo ven, casi nada de lo que estudiaron se les preguntó a los niños y niñas! Se encuentran con un montón de historias, problemas, anuncios, lecturas, en los que no se hacen preguntas de conocimiento directo, sino más bien se presentan situaciones frente a las cuáles los niños y niñas deben resolver lo que encuentran con lo que tienen, con sus conocimientos y habilidades de análisis, síntesis, elaboración de hipótesis y su comprobación.

Finalmente salen los resultados de ENLACE y la escuela no obtuvo los 600 puntos que se esperan sino apenas 475, y por si fuera poco sale en las noticias que los docentes no están haciendo lo que deben.

El problema de fondo está en el significado que se le otorga a la palabra resultado, en su naturaleza. La realidad es que estamos hablando de resultados muy distintos, de corrientes pedagógicas que buscan metas que son diferentes en sí mismas, y que no existe un consenso social sobre lo que es un resultado en educación y lo que queremos que se logre en la escuela. Estamos hablando sobre el mismo concepto pero le damos diferentes significados al mismo, así que esto parece una Torre de Babel, no nos logramos comunicar.

Desde el 93, la corriente pedagógica vigente en el medio educativo y que se ha ido estableciendo entre los educadores del país es el constructivismo, no necesariamente el constructivismo social sino el de Piaget y el de Ausbel y el de otros de sus seguidores posteriores cuya meta central es el desarrollo del pensamiento. Es el pensamiento el que construye el conocimiento y por lo tanto el resultado del acto educativo es pensar, de ahí que lo que resulta desde esta corriente sea: el pensamiento crítico, reflexivo, autónomo, autoregulado y mediante el cual el sujeto construye el propio conocimiento sin límites. El resultado entonces se entiende como qué tanto puede construir el sujeto por sí mismo, qué tanto piensa para conocer. Esto no necesariamente implica que guarde el contenido conceptual construido en la memoria, ya que existen múltiples estudios que emergen de la psicología educativa que demuestran que cuando se construye el conocimiento la memoria procedimental se ocupa a tal grado, que el aprendizaje que se guarda en la memoria de largo plazo es el proceso de construcción y no el contenido del mismo, asunto que explica el problema de las tablas de multiplicar bien conocido por los docentes que fue ejemplificado anteriormente (en mi próximo libro sobre Diseño de situaciones didácticas que publicaré y presentaré en enero del año que entra abordo toda esta problemática con sus fuentes respectivas).

No obstante, desde la perspectiva histórica, es decir desde la visión de los padres como educadores iniciales, que no se encuentran insertos en el medio educativo formal, y que han aprendido por la propia experiencia lo que les enseñaron a ellos, lo importante es que los hijos e hijas sepan mucho, que cuando se les pregunte sepan sobre el tema, que no sean ignorantes, porque se piensa que con esto saldrán adelante en la vida. Podríamos decir que históricamente el conductismo se ha instalado como corriente de aprendizaje entre aquellos que, sin haber estudiado mucho sobre educación, retoman el hecho pedagógico de que existen unos padres y madres que enseñan a sus hijos e hijas lo que tienen que saber para salir adelante, asunto que dio inicio desde las cavernas, es decir que siguen creyendo que la educación es un proceso de transmisión del conocimiento. El resultado para ellos entonces es que sus hijos sepan a fondo asunto que efectivamente es lo que retoma el conductismo: que se domine el saber con diferentes niveles, que pueden ser: de conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación.

Para la OCDE, el asunto es otro, desde la perspectiva de su rol, como tanque pensante internacional que emite insumos para la toma de decisiones de las políticas públicas de los países miembros, y en el contexto de que el desarrollo se alcanza mediante la inversión, sea directa (maquilas, empresas), o bien indirecta (bolsa de valores), o a través de la producción y la competitividad, el resultado educativo es que los estudiantes de un país puedan resolver lo que enfrentarán a lo largo de su vida laboral y para hacerlo determinan una serie de competencias que miden cuando los estudiantes responden un examen que se ha diseñado con casos y problemas de la vida real en los que ellos y ellas tiene que hacer uso del conocimiento que tienen, aquí entonces, el resultado no es sólo lo que saben, sino lo que saben pensar para resolver. Es decir que de alguna manera se conjugan los dos paradigmas anteriores, el constructivismo que enseña a pensar para conocer, y el conductismo que promueve la adquisición del conocimiento, que no sólo su construcción, sino su pleno dominio para hacer uso del mismo en la resolución de problemas, porque lo que sí es cierto es que para resolver sí debes contar con información sobre las cosas, pero además de manera automática es decir debe estar disponible cuando se le necesita porque la respuesta deberá brindarse rapidamente. Esta es pues a tercera postura sobre el resultado.

El asunto es que precisamente lo que está sucediendo es que tenemos tres tipos de resultados que se obtienen y se miden de diferente manera:

- lo que propone el constructivismo que es la construcción del conocimiento mediante procesos de reflexión, crítica y autoregulación.
- lo que propone el conductismo que es la adquisición y dominio del conocimiento de manera efectiva y eficiente, es decir que cuando la persona lo requiera lo tenga a la mano.
- lo que proponen las competencias que es el uso del conocimiento en la resolución de las demandas que se encuentran en el entorno, sí sabiendo y sí pensando, pero además de manera eficiente, eficaz y oportuna. Eficiente, porque se debe llegar a la meta, efectiva porque además es rápida, y oportuna porque se hace en tiempo y forma cuando se requiere como respuesta a demandas complejas, no antes ni después.

Así las cosas, lo que tenemos es que cada sector pide resultados diferentes, muy diferentes, no hay consensos sobre lo que se pide y lo que se quiere, pero además en el fondo, todos siguen pensando y partiendo del supuesto de que cuando se sabe mucho se puede hacer lo que sea y esto no necesariamente es cierto, existen muchas dificultades cuando el conocimiento se adquiere sin pensarse, pero también cuando no se le memoriza de manera que se encuentre disponible cuando se le necesita.

¿Qué se puede hacer cuando todos estamos hablando del mismo tema sin necesariamente darle el mismo significado? Crear consensos sociales sobre dos aspectos: por un lado de qué estamos hablando cuando decimos la palabra resultado, y por el otro cuál es el resultado a exigir, que debemos esperar todos y todas de la escuela de manera que se puedan seguir estrategias de trabajo común: en la casa, en las instituciones educativas, en lo público y en lo privado.

¿Cómo se puede hacer esto? Mediante múltiples estrategias: programas de televisión, discusiones en el congreso, conferencias para padres en las escuelas, con los niños y niñas de manera que también sepan que se espera de ellos y ellas. El asunto es tratar de ponernos de acuerdo sobre algo que resulta básico: lo que queremos educar en los niños y niñas del futuro.

Bibliografía: Laura Frade, Diseño de situaciones didácticas, Mediación de Calidad, S. A. de C. V., México, D. F., 2011.